La Libreta Infinita

13 agosto 2009

“In The Game We Trust” (II)

Archivado en: Jugando voy — Ángel @ 12:40 pm

Andresito tiene seis meses recién cumplidos. Ha comido, ha eructado, lo han bañado, ha dormido y se encuentra cómodamente instalado en el interior de su cuna. Desde la puerta de la habitación, Andrés, el padre, lo contempla, con sonrisa embelesada. La criatura se chupa las manos, patea, estruja y estira las sabanitas, sacude un juego de llaves enorme, de plástico y de colorines, gorjea, sigue con los ojos reflejos que cruzan por el techo y trata de atraparlos inútilmente, alcanza fortuitamente una pelotita azul de espuma, la comprime, la chupa, la suelta bruscamente, más gorjeos, vuelve a las sábanas, vuelve a patear, provocando una vibración graciosísima en la nota continuada que su inexperta garganta ha conseguido emitir…
– Andrés, ¿qué hace el niño? –quiere saber una voz femenina que llega desde el el otro extremo de la vivienda.
– Nada, aquí… jugando –contesta Andrés, con la babita caída. ¿Qué otra cosa podría contestar? ¿Cómo describir de un plumazo, si no, ese revoltoso trajín al que se entrega concienzudamente cualquier niño una vez satisfechas sus necesidades básicas?
Sabemos que, flotando en el seno materno, las criaturas en gestación reciben estímulos del exterior –probablemente en forma de vibraciones más o menos armónicas–, pero, necesariamente atenuados. El feto se encuentra aislado y protegido del agitado mundo exterior; apenas sin espacio, casi sin sonido, sin luz… Pero cuando se produce el nacimiento, la criatura es arrojada al exterior, donde, de pronto, se encuentra rodeada por un complejísimo entorno desconocido, en un desbordante CAOS de sensaciones. Una vez superadas las primeras impresiones –durmiendo mucho, sobre todo–, y una vez cubiertas las necesidades básicas, las criaturas dedican su tiempo a ordenar, a medir, a clasificar, a estructurar el caos. Y lo hacen a través de esa desbordante y variopinta actividad que, cuando la contemplamos en el niño, decimos que está “jugando”.
Así pues, me atrevo a afirmar que el humano para ordenar, estructurar, reglamentar el caos, primero “lo juega”. Como ese es su procedimiento primordial, no es de extrañar que luego, a la hora de ordenar, estructurar y organizar “lo serio”, primero “lo juegue”, lo haga “a imagen y semejanza” de la actividad que no hemos podido llamar de otro modo que “jugando”, razón por la cual nuestras construcciones sociales, afirmo otra vez, están construidas en clave de juego, cosa que puede servirnos de gran ayuda a la hora de analizar ciertos problemas y  tratar de solucionarlos… (Continuará)

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