La Libreta Infinita

3 septiembre 2009

Operación retorno

Archivado en: General — Ángel @ 10:42 am

Como casi siempre, he pasado el mes de agosto en mi ciudad, en el barrio, saliendo a la calle lo justo para sobrevivir física y socialmente. Verano, vacaciones, tiendas cerradas, descenso de la frenética actividad de los condenados a trabajar… A pesar del calor pegajoso, cierta tranquilidad ha ido envolviendo mi vida cotidiana durante este mes, calma tan gratificante como el silencioso aparato de aire acondicionado… Sin embargo, el mismísimo 1 de septiembre, cuando todavía miles y miles de ciudadanos apenas finalizaban el viaje de regreso de sus vacaciones, al terminar el día, el ambiente apacible se había esfumado; yo estaba inquieto, tenso, como en estado de alerta… Mientras preparaba algo para cenar, buscaba yo, en silencio, la razón de aquel súbito cambio. Ni siquiera había salido de casa en todo el día… Desde la salita, frente a la cocina, llegaba la cantinela del anuncio de un yogur excelente para cagar, patrocinador del noticiario a punto de comenzar… ¿Qué había cambiado tanto de ayer a hoy para alterar mi ánimo de tal modo?, parecía preguntarle yo al bocadillo recién hecho, mientras me sentaba a la mesa… La locutora del informativo también había vuelto ya de vacaciones, y se disponía a recitar uno de sus espeluznantes sumarios de noticias… De pronto, con la mirada atenta a la pantalla, dejé de masticar. Tenía frente a mí la respuesta a mi desazón, con imagen y sonido. ¡Ahí estaba de nuevo la crisis económica! ¡El virus de la gripe! ¡Los discursos crispados, insultantemente absurdos, descaradamente cínicos de los políticos! ¡El terrorismo internacional! ¡El paro! ¡El cambio climático! ¡Eso era! Aquel noticiario no se parecía en casi nada a los que se habían sucedido durante el mes recién finalizado, llenos de fiestas populares, cotilleos deportivos, curiosidades y truculencias edulcoradas e intrascendentes. Había empezado una nueva temporada laboral, vuelta al tajo, y, a lo largo de aquel día, prensa, radio, televisión, todos a una, como un maquiavélico resorte, habían iniciado una vez más su perversa labor. ¡Se acabo el descanso, hermanos!  ¡Vayan metiendo en el armario su indolencia! ¡Qué mejor estimulante! ¡Temed por vuestras vidas, hermanos!  ¡El miedo ha vuelto de sus vacaciones!

13 agosto 2009

“In The Game We Trust” (II)

Archivado en: Jugando voy — Ángel @ 12:40 pm

Andresito tiene seis meses recién cumplidos. Ha comido, ha eructado, lo han bañado, ha dormido y se encuentra cómodamente instalado en el interior de su cuna. Desde la puerta de la habitación, Andrés, el padre, lo contempla, con sonrisa embelesada. La criatura se chupa las manos, patea, estruja y estira las sabanitas, sacude un juego de llaves enorme, de plástico y de colorines, gorjea, sigue con los ojos reflejos que cruzan por el techo y trata de atraparlos inútilmente, alcanza fortuitamente una pelotita azul de espuma, la comprime, la chupa, la suelta bruscamente, más gorjeos, vuelve a las sábanas, vuelve a patear, provocando una vibración graciosísima en la nota continuada que su inexperta garganta ha conseguido emitir…
– Andrés, ¿qué hace el niño? –quiere saber una voz femenina que llega desde el el otro extremo de la vivienda.
– Nada, aquí… jugando –contesta Andrés, con la babita caída. ¿Qué otra cosa podría contestar? ¿Cómo describir de un plumazo, si no, ese revoltoso trajín al que se entrega concienzudamente cualquier niño una vez satisfechas sus necesidades básicas?
Sabemos que, flotando en el seno materno, las criaturas en gestación reciben estímulos del exterior –probablemente en forma de vibraciones más o menos armónicas–, pero, necesariamente atenuados. El feto se encuentra aislado y protegido del agitado mundo exterior; apenas sin espacio, casi sin sonido, sin luz… Pero cuando se produce el nacimiento, la criatura es arrojada al exterior, donde, de pronto, se encuentra rodeada por un complejísimo entorno desconocido, en un desbordante CAOS de sensaciones. Una vez superadas las primeras impresiones –durmiendo mucho, sobre todo–, y una vez cubiertas las necesidades básicas, las criaturas dedican su tiempo a ordenar, a medir, a clasificar, a estructurar el caos. Y lo hacen a través de esa desbordante y variopinta actividad que, cuando la contemplamos en el niño, decimos que está “jugando”.
Así pues, me atrevo a afirmar que el humano para ordenar, estructurar, reglamentar el caos, primero “lo juega”. Como ese es su procedimiento primordial, no es de extrañar que luego, a la hora de ordenar, estructurar y organizar “lo serio”, primero “lo juegue”, lo haga “a imagen y semejanza” de la actividad que no hemos podido llamar de otro modo que “jugando”, razón por la cual nuestras construcciones sociales, afirmo otra vez, están construidas en clave de juego, cosa que puede servirnos de gran ayuda a la hora de analizar ciertos problemas y  tratar de solucionarlos… (Continuará)

30 julio 2009

Comentarios

Archivado en: Notas y avisos — Ángel @ 3:02 pm

Queridos/as visitantes:

Además de agradecerles sus visitas, la atención que me prestán y su infinita paciencia, quisiera hacerles saber que leo detenidamente todos los comentarios que tienen a bien dejar en esta libreta sin fondo… pero no contesto a ninguno. Y no es por indiferencia, no. Aunque no tengo inconveniente en que debatan entre ustedes, prefiero por mi parte decir lo que tenga que decir destilándolo en las caóticas entradas que voy publicando. Si, a pesar de todo, alguien considera que vale la pena discutir algo de lo que aquí se dice, puede abrir un foro; estaré encantado de participar en él. Espero que me comprendan. Muchísimas gracias.

22 julio 2009

“In The Game We Trust” (I)

Archivado en: Jugando voy — Ángel @ 12:24 pm

Más tarde o más pronto, tenía que contarlo.
Son muchos los que levantan una ceja incrédula y socarrona cuando se enteran de que, con la edad que uno tiene ya, siga dedicando una buena parte del tiempo libre a jugar. Mayor es la sorpresa cuando comprueban que, además, uno lleva casi toda la vida ganándose las habichuelas con labores relacionadas, en mayor o menor grado, con los juegos. Y no debería ser tanta la sorpresa, pues resulta que, esos mismos sorprendidos, pasan también más tiempo del que ellos sospechan, sin saberlo, jugando. Pero no adelantemos acontecimientos.
Como a todos nos sucede, llega un momento en el que nuestro entorno social empieza a insinuar, para acabar exigiéndolo, que dejemos de jugar. Mi abuela empleaba una expresión especialmente atinada para tal imperativo y que, poco más o menos, decía así: “Míralo, ahí jugando… ¡Un tío ya con los huevos negros!”, que no era más que otra forma de anunciar que se consideraba que uno ya había crecido lo suficiente como para dejar de realizar esa actividad “propia de niños y que no sirve para nada”. El caso es que, por más que insistía el entorno, yo no parecía dispuesto a dejar de jugar; no encontraba razones de peso por las que tuviera que abandonar una actividad que, además de la diversión*, me resultaba tan enriquecedora y satisfactoria. Sin embargo, la cantinela “Deja de jugar, que la vida no es un juego…” persistía; cuando a mí, la vida, era eso lo que me parecía precisamente: un juego fabuloso. Tal fue la tensión en torno a este asunto que, hace ya más de un cuarto de siglo, decidí iniciar una investigación que, al menos, me sirviera a mí para entender el porqué de mi empecinamiento…
Bendita la hora en la que tomé aquella decisión, pues, a día de hoy, el estudio del Juego y el acto de Jugar –así, con merecidas mayúsculas– no ha hecho más que darme satisfacciones y ayudarme a entender, tanto a mí como a los demás y al mundo que nos rodea. No he averiguado qué es exactamente la vida, aparte de un  misterioso fenómeno; puede que no sea un juego, pero mucho me temo que a los humanos no nos queda otro remedio que jugarla… (Continuará)

*La palabra “diversión” deriva de “diverso”, o sea, de distinto, diferente. Algo nos resulta divertido cuando nos ofrece, de un modo u otro, “diversidad”. Hago esta anotación porque hoy se aplica de forma equivocada a actividades que, por requerir de un método (lo que implica cierta repetición), son de todo menos divertidas. Como estudiar, por ejemplo, que puede ser muy gratificante, pero de divertido no tiene nada. Tal vez si se corrigiera esta confusión el “sistema educativo” daría, en ciertos aspectos, otros resultados…

14 julio 2009

Gracias, Bob

Archivado en: General — Ángel @ 2:23 pm

Además del libro de Toffler, me estoy brindando la novela “Beyond This Horizon”, de Robert A. Heinlein, uno de mis autores favoritos –EL favorito, tal vez– dentro del género de la ciencia-ficción. A pesar de ser un título de “segunda fila” dentro de su bibliografía, y de que la traducción es mala de cojones –sin ir más lejos, el título fue traducido como “Más Allá del Horizonte”, en lugar de “Más Allá de ESTE Horizonte”, que puede parecer una minudencia, pero no lo es–, el bueno de Robert (le llamo Bob en la intimidad) vuelve a dejarme pasmado. No es sólo su imaginación, o su capacidad de pre-visión, afilada cual bisturí, es su “cruda” visión de la especie humana, como un todo complejo, lo que me deja siempre con las patas colgando y con algo que rumiar… Eso sí, si usted ama más a los castores, pongamos por caso, que a su propia especie, olvídelo. No he dicho nada.

Página siguiente »

Theme: Rubric. Blog de WordPress.com.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.